Crisis de Deseos (el poder espiritual)

 

Observando a la vida en el planeta, la naturaleza que me rodea, veo que: tanto los minerales, los vegetales y los animales siguen una dirección evolutiva. Todo parece tener un sentido, una intención. Me descubro ignorante.         

Los seres humanos no estamos en una armonía perfecta con la naturaleza. 

Un oso polar, nace en el polo, no en el desierto. Un cactus nace en tierras áridas no en los pantanos y así, cada animal, planta o mineral nace en el lugar exacto que necesita para vivir:  nosotros, nacemos en cualquier lado, aún en lugares que no nos son favorables. La circunstancia (naturaleza) se nos presenta con signo negativo y debemos «hacer» para conservar la vida.  

A los seres humanos, la vida nos es dada como a cualquier ser que habite en el planeta pero no alcanza con eso. Para poder conservarla, debemos elegir estar vivos: «La vida -necesidad de las necesidades- es necesaria sólo en un sentido subjetivo; simplemente porque el hombre decide autocráticamente vivir.»(1)

Elegir estar vivos en un sentido subjetivo es  «hacer» y no se puede hacer sino lo que cada cual tiene que hacer, tiene que ser. «El destino no se discute, se acepta o no. Si lo aceptamos somos auténticos; si no lo aceptamos, somos la negación, la falsificación de nosotros mismos.» (2)

¿Para qué estamos, de dónde venimos, hacia dónde vamos?

Queremos conversar sobre estas cosas. Nos vamos encontrando para hacerlo.

En el Arte, la Religión y las Ciencias buscamos: el sentido de la vida, el sentido humano y también su relación. La cultura alberga los testimonios, a través de los siglos, de lo que se ha conversado.

De lo que careció de sentido no estamos enterados. Es intransmisible. No tiene cuerpo. No pesa.

Estamos hoy en el Siglo XXI.

  Nos descubrimos atrapados formulando absortos: «La vida, no tiene sentido».

Nuestro hacer no alcanza a modificar la circunstancia. Estamos en inferioridad de condiciones.

«Envilecimiento, encallamiento, no es otra cosa que el modo de vida que le queda al que se ha negado a ser el que tiene que ser. Este su autentico ser no muere por eso, sino que se convierte en sombra acusadora, en fantasma, que le hace sentir constantemente la inferioridad de la existencia que lleva respecto a la que tenía que llevar. El envilecido es el suicida superviviente.» (2) 

Podríamos sospechar que hay una trampa  donde el destino pierde sentido.   Trampa donde somos obligados a representar al otro, que a su vez representa al otro, por tanto, a no ser el otro ni nosotros mismos.

Un laberinto que no deja ver la puerta de salida.

Un Otro sin cuerpo, sin peso, sin sentido, que quiere silenciar a San Agustín para que no recite: «Mi amor es mi peso; por él voy dondequiera que voy».

Llegamos hasta uno de los hombres, que más hondamente ha pensado sobre el amor. No dudaríamos en decir de él, que es un hombre con: cuerpo, peso, dirección y luz propia. A esta luz propia la llamamos «Espíritu»

«Amor es gravitación hacia lo amado.» (3)  Amor es vida con sentido, es universo, es estrella, es animal, es vegetal, es mineral y también es Ser humano.

¿Cómo amamos los seres humanos?

«Todas mis palabras han de referirse al acto amoroso en su intimidad psíquica como proceso en el alma.

En el amar abandonamos la quietud y asiento dentro de nosotros y emigramos virtualmente hacia el objeto. Y ese constante estar emigrando es estar amando.

El amor se prolonga en el tiempo: no se ama en serie de instantes súbitos, de puntos que se encienden y apagan como la chispa de la magneto, sino que se está amando lo amado con continuidad. El amor es una fluencia, un chorro de materia anímica, un fluido que mana con continuidad como de una fuente. El amor no es un disparo, sino una emanación continuada, una irradiación psíquica que de lo amante va a lo amado. No es un golpe único sino una corriente.

Hay tres facciones o rasgos comunes a amor y odio: son centrífugas, son un ir virtual hacia el objeto y son continuas o fluidas.

Ambos poseen la misma dirección, puesto que son centrífugos, y en ellos la persona va hacia el objeto; pero dentro de esa única dirección llevan distinto sentido, opuesta intención. En el odio se va hacia el objeto, pero se va contra él; su sentido es negativo. En el amor se va también hacia el objeto, pero se va en su pro.» (3)

El otro, que representa al otro ni ama, ni odia. Es solo una copia del otro que a su vez es otro. (Vida sin autenticidad que se convierte en pura representación o ficción de otra vida). Solo fuegos artificiales, instantes, un golpe dado con efecto. No es un refusilo, o una luz mala ya que no tiene luz propia, no tiene espíritu pero sí se confunde de tenerlo porque brilla.

Esta copia del otro es solo una imagen. Imagen que se vuelve voluptuosa en el sin sentido. Si el sin sentido fuese alguien, se taparía la cara de vergüenza al descubrirse sintiendo tanto. ¡Pobre imagen, ha enfermado!. Se cree alguien. Se codea con todas las verdades y dice hablar de a amor cuando solo habla de amores. ¿Por qué la imagen enfermo?

En este Siglo XXI, nos descubrimos atrapados, formulando absortos: «la vida no tiene sentido». «Nuestro hacer no alcanza para modificar la circunstancia.»

¿Dónde está el Espíritu en este siglo?

El espíritu, está solo en «La Prensa».

«La Prensa es una fuerza histórica elemental y tremenda, sobre la cual tenemos que meditar todos, usted y yo, los periodistas y los ciudadanos de todas las naciones.

Actualmente la Prensa siente como extraño a quien fuera de la Prensa opina sobre ella. Sobre todo una clase intelectual: los catedráticos.

No se trata de quitarle a la Prensa el poder espiritual, por la sencilla razón de que la universidad es, poco más o menos, lo contrario que la prensa, y no tendría sentido que quisiera ejercitar el mismo poder. No se trata de un solo poder que convenga traspasar.

Normalmente han coexistido en la historia diversos poderes espirituales, y solo esta pluralidad de poderes diferentes y más o menos antagónicos asegura la salud social. Esos poderes tuvieron y tienen -inexorablemente- rangos distintos, aunque todos son, en efecto, espirituales. Hace trescientos años, por ejemplo, coexistían en Francia las influencias o presiones de espíritu siguientes: la Iglesia, el Estado, la Universidad, la literatura (belles lettres). Pues bien: yo pienso, acaso con error, que hoy no posee plena vivacidad más que un solo poder espiritual -el de la Prensa-. Ahora bien: este es, por la naturaleza misma de la Prensa, el menos elevado de los poderes espirituales. Situación tal me parece funestísima. Y pido en consecuencia, no que la Prensa deje de ser un poder espiritual, sino que no sea el único y que sufra la concurrencia y la corrección de otros. De uno, por lo pronto: la Universidad. Se trata pues de la colaboración y confrontación, si se quiere hasta de la lucha, entre dos formas de espíritu distintas, para que el hombre medio pueda recibir dos interpretaciones diferentes del mundo. La interpretación periodística es y será siempre la perspectiva de lo momentáneo como tal. Por mucho que colaboren en el periódico los universitarios, la perspectiva, tono, tendencias y modos dominantes serán los periodísticos. La interpretación universitaria de las cosas es y será siempre la de acentuar en la actualidad lo no momentáneo.» (4)

La imagen nunca podrá poseer espíritu propio pero si puede robarse el poder espiritual.

 

 

                                                                     Lic. Juana Cantilo                                                                         Buenos Aires                                                                      14 de Febrero de 2003

                                                                                                        

 

 

(1) Ortega y Gasset, Meditación de la técnica.

(2) Ortega y Gasset, La época del señorito satisfecho.

(3) Ortega y Gasset, Estudios sobre el amor.

(4) Ortega y Gasset, Sobre el poder de la prensa.

 

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