|
por Marcia Gabriela Spadaro
"Trasmitir la vida humana no es una acción exclusivamente técnica: es una obra de humanidad." 1
Ante todo debemos aclarar
que nuestro objetivo ha sido plantear a partir de Marciano Vidal una nueva
formulación del problema de la otredad que tanto nos afecta por la
situación actual que atravesamos. No hemos detenido en analizar la
normatividad específica que propone este autor para las diversas prácticas
médicas como fecundación in vitro, transplantes de organos, etc., sino
apuntar al valor ético de la vida humana desde nuestro rol de pensadores.
Pues, como este autor señala, la bioética no es un campo limitado a la
medicina sino abierto a las políticas que deciden los destinos de los
hombres. Nuestra propuesta brevemente intenta asumir lo que somos, lo que
verdaderamente somos de acuerdo a estas políticas, para luchar por un
espacio distinto, por un espacio donde la dignidad de la persona sea el
criterio a la hora de tomar decisiones.
El planteo bioético, es un planteo doblemente dificultoso, ya que se halla
en el interespacio de las ciencias y de la ética2. La ética en sí misma
guarda una la separación de lo fáctico para constituir el terreno a priori
de la idealidad. Esto es lo que Kant ha postulado, el desplazamiento de la
ley natural de necesidad por la ley moral de libertad.
De acuerdo con Kant, la libertad pertenece a la intimidad del sujeto
trascendental y al concepto de persona: "El imperativo práctico será,
pues, como sigue: obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu
persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo
tiempo y nunca solamente como un medio."3
La ausencia de causalidad es lo que define al acto ético como acto por sí
mismo, es decir por deber (sin ninguna motivación)4. Ahora bien el sujeto
ético kantiano es un sujeto trascendental, un sujeto descarnado, esto es al
fin al cabo un no ser ahí, un no ser en el mundo. Precisamente la
dificultad de las éticas aplicadas consiste en que se debe abandonar este
sujeto descarnado sin perder la idealidad para ser un ser ahí, un dazein.
No obstante, como sostiene Heidegger "La referencia al mundo que impera
en todas las ciencias, en cuanto tales, la hace buscar el ente mismo, para
hacer objeto de escudriñamiento y de fundamentación, en cada caso, el
"qué" de las cosas o su modo de ser. En las ciencias se lleva a
cabo- en idea- un acercamiento a lo esencial de toda cosa." 5
De este modo podemos ver que tal interespacio, que a su vez requiere abrir
el juego a la interlogía, es el terreno del ser. Sobre el ser se abre la
facticidad de la ciencia y la regulación racional de la ética. Ahora bien,
el ser de la bioética es el ser de la vida, como su nombre lo indica (bios-
vida y ethos- ética), en la plenitud de posibilidades6. Por supuesto que no
entendemos por "posibilidad" toda factibilidad de concreción,
sino toda factibilidad de realización del ser en la connaturalidad de su
dignidad. Por esta misma razón Vidal sostiene que se suele interpretar a la
bioética como una subdisciplina de la ética, en tanto la segunda daría
fundamento epistemológico a la primera. Pero ello significa el olvido del
ser por el ente, ya que en la bioética entran a jugar una serie de
elementos interdisciplinares que van allá de la ética y de la medicina, y
por ende, alcanzan al ámbito del derecho, de la política y de la ciencia
en general. En consecuencia la propuesta de Vidal es que la bioética
constituye el campo de una metodología interdisciplinar7 y formalmente el
terreno filosófico de la racionalidad ética8.
El terreno filosófico asegura el marco democrático de la bioética, es
decir un ámbito abierto al diálogo, al interlogos- polifónico,
pluralista, secular e integrador, proceso en cual deben participar todas las
voces (ética civil)9. Si simplemente miramos a nuestro alrededor podemos
darnos cuenta que todavía hace falta mucho trabajo para llegar a tal nivel
de problematización y de secularización; el hambre, las epidemias, son
consecuencias de políticas aplicadas sobre los más indefensos a espaldas
de una correcta discusión bioética y civil.
La ética civil permite la posibilidad de que la sociedad en su conjunto
pueda construir y afirmar su identidad para, desde allí, proyectar su
futuro10; un futuro justo, esto es un futuro libre y digno, libre para
decidir y no ceder a presiones11. La posibilidad de proyectarse a futuro
involucra necesariamente la actitud humana de esperanza y búsqueda de una
auténtica planificación del hombre en tanto la clave de la bioética es el
proceso de humanización ascendente12. Ello implica una moral y una
normatividad de búsqueda, por ende de provisionalidad13, sin la cual todo
mejoramiento se estanca. Esto es asumir la historicidad del hombre, su
permanente cambio y el permanente cambio de su medio; la permanente
renovación de sus posibilidades. De allí, que si no bien no existe un
derecho a procrear es necesario que la bioética indague en la necesidad que
el marco de la misma sea en un proceso humanizado y humanizador en tanto
debe discutirse el derecho a una procreación responsable14.
He aquí el nudo de mayor tensión que experimenta esta disciplina, pues los
usos que se hacen de las técnicas en medicina pueden derivar, conforme a
los criterios éticos o no- éticos, en humanización o bien en
manipulación15. Para no devenir en lo segundo es necesario definir el
valor
ético de la vida humana16, y para ello hace falta una justificación del
hombre.
El valor ético de la vida humana implica como señalaba Kant, ver en la
persona del otro como en la propia siempre un fin en sí mismo y nunca un
medio. La manipulación es la inversión de la humanización, pues trasforma
a los otros en objetos de los propios deseos, caprichos o disposiciones.
Como señala nuestro autor es necesario ver en el valor ético de la vida
humana su carácter apriorístico, es decir su legalidad por libertad. Vidal
lo enuncia como el reconocimiento del otro17; ahora bien nosotros creemos que
es más adecuado decir conforme a las misma intenciones, reconocimiento de
la dignidad de la vida. Lo cual implica explícitamente su calidad, ya que
si recordamos a Hegel en la dialéctica del amo y del esclavo se trata de
una lucha por el reconocimiento.
No es el mero vivir biológico lo que se discute en la bioética, sino lo
axiológico de la calidad. Sin el calificativo de la calidad se vacía el
sentido de la humanización18. Para ello Marciano Vidal propone una
formulación positiva (a) en oposición a lo negativo (como no matarás),
teleológica (b) (apuntando siempre a una finalidad, o sea el proceso de
humanización ascendente) y no deontológica y, finalmente, ser absoluta (c)
en vez de relativa, ya que el valor ético de la vida humana debe ser
inviolable19.
El valor ético de la vida humana no se pierde aún en la extrema situación
del paciente cercano a la muerte. Aquí este valor se expresa en un morir
con dignidad20. Esto de ningún modo justifica la eutanasia pero tampoco la
distanasia (la prolongación de la vida más allá de su calidad)21, sino
proporcionarle al enfermo todos los medios disponibles para calmar el dolor,
aunque ello pueda implicar la abreviación la vida22.
Nosotros pensamos que, justamente, para defender el valor ético de la vida
humana frente al avance de la ciencia y de las técnicas en el área de la
salud, es necesario antes revertir la visión de la otredad, ya que el
médico que manipula a su paciente o realiza un uso indebido y no- ético de
los instrumentos a su alcance incurre en cierta visión de la otredad. Pues
el otro es el que requiere del médico, el que carece del poder de su
autocuración o bien del poder resolver una situación intima determinada,
dado que no nos podemos olvidar que el ámbito de la medicina es ámbito de
la intimidad del paciente. El cuerpo del paciente es cuerpo que es
desnudado, expuesto, explorado, analizado, sometido a tratamientos tal vez
infrahumanos. Es el cuerpo del otro el que padece la curación.
Esto se homologa a lo que habíamos señalado al comienzo: el hambre y las
epidemias no son tan casuales, sino premeditadas por los pueblos que pueden
restringir a los otros de las condiciones básicas de vida. Los bombardeos
en Pakistán son aniquilamientos, castraciones, que sufre el otro, esto no
es más que el viejo y tan actual problema de la esclavitud. La bioética
también se extiende a este campo, no es simplemente asegurar las
condiciones dignas de existencia dentro del ámbito de la medicina, sino
dentro del ámbito de la vida.
Ahora bien nosotros proponemos interpretar a la esclavitud de los pueblos,
ya no como otredad, sino como exclusión del terreno del ser; y ello creemos
que es lo que deberíamos plantearnos hoy al hablar de bioética. Recordemos
que desde la antigüedad hasta la conquista, o más bien la colonización,
de América el paradigma de la esclavitud ha sido aristotélico- hegeliano.
Es decir se domina al otro por la palabra, pues el bárbaro es aquel cuyo
logos resulta deficiente para el griego. Aristóteles postulaba que el
hombre es animal o ser de la polis (zoom politikón), con otras palabras el
ciudadano, el que posee derechos de participación en la democracia del
ágora. El bárbaro estaba excluido de tales derechos, pues como decía
Aristóteles su estatuto ontológico se hallaba entre el animal y el hombre,
dado que su razón reflejada en su mal habla del griego denotaba la
inferioridad de su logos, siendo el hombre lo que es por este mismo logos.
En Hegel el esclavo es el vencido en una lucha por el reconocimiento y se
mantiene a la expectativa de revertir su situación.
En el primero la esclavitud estaba ligada a una inferioridad de base, en el
segundo a un acontecimiento histórico no estando los vencedores y los
vencidos determinados con anterioridad al momento del enfrentamiento. Ahora
bien, para ambos la esclavitud era necesaria, en uno mantenía un orden
social y económico mientras en el segundo se fundaba este orden de tal
manera por necesidad psicológica de reconocimiento, esto es de afirmación
objetiva de la identidad.
Si bien hoy por hoy el hambre y la esclavitud, redefinida por métodos
sutiles y evidentes (aunque suene contradictorio), también sostienen un
orden social, económico y psicológico de los gobiernos dominantes, ésta
ya no existe como la problemática de lo otro porque en dicho caso sería la
inclusión de lo otro en el sistema en tanto inferior. Al contrario el
sistema es lo que es porque hay excluidos, porque están quienes se han
caído, porque hay a quienes el sistema no mira, quienes están fuera y ni
siquiera son.
La indiferencia o la colaboración sólo en apariencia (como las diversas
teatralizaciones de determinados organismos destinados a una acción
eficiente con respecto a los sectores marginados) es la política vigente.
De este modo la esclavitud de los pueblos ya no se da por otredad sino por
mito, por una resignificación macabra de Génesis: ser arrojado, ser
abandonado por los dioses o por Dios, ser dejado en la intemperie entre la
muerte y la inexistencia. El ser arrojado de Heidegger como ser ahí
atravesado por el tiempo, se resignifica en el ya no ser de la moral
indiferente y salvaje; el anonimato de la masificación del individuo; de un
estar atravesado por la casualidad de la fatalidad o del éxito.
Esto denuncia lo que con certeras palabras ha dicho Marciano Vidal: "El
hombre actual, aun el más civilizado, no ha llegado a la plena
concienciación con respecto al valor de vida humana."23
Y esto también
está denunciado en el emblema de Frankestein; en pleno auge de la ciencia
moderna Mary Sheele preveía el poder desmedido al que podía alcanzar el
hombre en el avance de ésta, un poder que ni él mismo podía regular.
Reformular el problema dejando de verlo como una cuestión de otredad y
comenzar a analizarlo como excluidos o caídos, significa asumir desde
nuestro propio carácter de excluidos una identidad con quienes nos
excluyen, una humanidad compartida, ya no asumir una diferencia que ha sido
impuesta por la fuerza pero que no corresponde por derecho,
apriorísticamente por el valor ético de la vida humana. Sólo no aceptando
la ficticia diferencia, todos los pensadores podrán plantearse tal valor
ético. Si no resolvemos las limitaciones de nuestras actuales concepciones
continuaremos incurriendo en los mismos errores tanto en los diversos
ámbitos como los más atroces en el de la bioética.
Bibliografía
- Heidegger, Martin. ¿Qué es metafísica?. Ediciones Fausto, Bs. As., 1996.
- Kant, Manuel. Fundamentación de la Metafísica de las costumbres. Porrúa, décima edición, Colección "Sepan Cuantos..." n° 212, México, 1998.
- Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bio ética racional). Tecnos, Madrid, 1989.
1.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 114.
2. Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética
racional). Tecnos. Madrid, 1989. p. 13.
3.
Kant, Manuel. Fundamentación de la Metafísica de las costumbres.
Porrúa, décima edición, Colección "Sepan Cuantos..." nº 212,
México, 1998. p. 44-45. 4.
Kant, Manuel. Fundamentación de la Metafísica de las costumbres.
Porrúa, décima edición, Colección "Sepan Cuantos..." nº 212,
México, 1998. p. 17. 5.
Heidegger, Martin. ¿Qué es metafísica?. Ediciones Fausto, Bs. As., p. 40. 6.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 15. 7.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 16. 8.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 19. 9.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 20. 10.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 21. 11.
"El caudal moral de la ética civil se constituye mediante la
afluencia de diversos ríos. Uno de ellos es la sensibilidad, algunos
valores tardan en surgir: negar legitimación ética a la esclavitud; otros
son afirmados globalmente pero rechazados parcialmente: duración general de
la vida y legitimación de la guerra «justa»; (...)" Vidal,
Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional). Tecnos,
Madrid, 1989. p. 22. 12.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 24 13.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 25. 14.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 87 15.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 24 16.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 29. 17.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 36. 18.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 36. 19.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 37. 20.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 75 21.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 80. 22.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 77 23.
Vidal, Marciano. Bioética (Estudios de la bioética racional).
Tecnos, Madrid, 1989. p. 28.
|