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A
comienzos de la década del ‘80, la situación de los humanismos era
desordenada.
Por
una parte, el existencialismo sartriano no había podido desembocar en una
corriente que, expresada políticamente, conmoviera los ambientes
intelectuales más allá del estudio de los filósofos y las producciones de
los literatos.
Heidegger,
había descalificado a todo humanismo conocido como una expresión metafísica
más. A cambio de esto, llamaba
al silencio y a la preparación de la “nueva alborada del Ser”.
El
Humanismo teocéntrico, se hundía en sus propias contradicciones
a pesar de los esfuerzos realizados para hacer aparecer al Cristianismo
como la verdadera encarnación del humanismo.
Autores
como W. Luypen, trataron de hacer de la Fenomenología también un humanismo[1],
aun cuando se vio claramente que el interés estaba puesto en abrir nuevos
horizontes al Humanismo cristiano. Pero
tales intentos, no pudieron desarrollarse en el tiempo que medió desde su
origen hasta la década del ‘80. El
humanismo marxista, luego de algunos intentos por establecer campos
diferenciados entre “humanismo burgués” y “humanismo proletario”,
adoptaba desde sus cúpulas burocráticas la postura propiciada por Althusser. De
este modo, la palabra “humanismo” vagó por distintos ambientes y terminó
confundida con una suerte de actitud que más bien se refería a la
“preocupación por la vida humana en general”, acosada por los problemas
sociales, tecnológicos y de sentido. Desde
luego que no puede dejarse de lado el trabajo que, aunque realizado en ámbito
restringido, llevaba adelante la “Tercera Escuela de Sicoterapia de
Viena”. Viktor Frankl recogía
las enseñanzas de la fenomenología y el existencialismo y las aplicaba
exitosamente en una dirección totalmente nueva respecto de las anteriores
escuelas siquiátricas deterministas. Estas últimas, a la sazón, padecían también la crisis de
fundamento científico en la medida en que seguían apegadas a sus mitos de
origen. En
Psicoterapia y Humanismo, dice Frankl: «La logoterapia no invalida, en
modo alguno, los profundos e importantes hallazgos de pioneros de la talla de
Freud, Adler, Pavlov, Watson o Skinner. Dentro
de sus respectivas dimensiones, cada una de estas escuelas posee vigencia.
Pero su importancia y valor auténticos se hacen tan solo visibles si
las situamos dentro de una dimensión más elevada, más amplia: dentro de la
dimensión humana. En ésta,
ciertamente, el hombre no puede seguir siendo considerado como un ser cuya
preocupación básica es la de satisfacer impulsos y gratificar instintos, o
bien reconciliar al ello, al yo y al superyó: ni la realidad humana puede
comprenderse meramente como el resultado de procesos condicionantes o de
reflejos condicionados. En dicha
dimensión, el hombre se revela como un ente en busca de sentido: una búsqueda
que, realizada en vano, es origen de muchos males de nuestra época.
Un psicoterapeuta que rehuse a priori escuchar “la voz que clama en
demanda de sentido”, ¿cómo podrá enfrentarse con la masiva neurosis de
nuestros días?» Y
más adelante dice: «... La
cualidad autotrascendente de la realidad humana se refleja, a su vez, en la
cualidad ‘intencional’ de los fenómenos humanos como han señalado Franz
Brentano y Edmund Husserl. Los
fenómenos humanos se refieren y apuntan a ‘objetos intencionales’.
La razón y el sentido representan objetos de esta índole.
Son el ‘logos’ al cual tiende la psique. Si la psicología ha de ser merecedora de su nombre, deberá
reconocer las dos mitades de que se compone su nombre, tanto ‘logos’ como
‘psique’».
Pensadores
como M. Buber, formados en Occidente pero enraizados en distintas culturas
hicieron también llegar su aporte esclarecedor y refrescante.
Pero
también en otras áreas alejadas de las tradiciones culturales occidentales,
el Humanismo operó (en la práctica), convirtiéndose en factor dinamizante
de sociedades que hasta hace poco tiempo estaban fuera del debate de las ideas
universales. Uno de los casos más interesantes fue el del presidente K.
Kaunda en Zambia quien había instalado un gobierno fuerte desde el triunfo de
la revolución anticolonialista en su país.
Su pasaje de un humanismo declamativo a la realización de un humanismo
consecuente, mostró los rasgos de una verdadera “conversión”.[3]
Súbitamente abolió el partido único que lo había mantenido como
dictador; devolvió la libertad a los enemigos políticos; lanzó las
elecciones que habían sido reclamadas durante largos veinticinco años; fue
derrotado por el voto popular y abandonó la suma del poder, en una sucesión
de actos de libertad inexplicables para la burocracia que se había
consolidado. Y todo esto fue
realizado mientras contribuyó sustancialmente a la causa de la liberación étnica
y política de Sudáfrica y otros países de la región. En
la segunda mitad de la década, el marxismo antihumanista de Althusser había
resignado posiciones. Él mismo,
tal vez como en su momento había ocurrido con las locuras “metafísicas” Por
otra parte, la Perestroika avanzaba a pasos fenomenales, dejando sin aliento
al “Occidente” y, desde luego, a los burócratas de los partidos
comunistas dentro y fuera de la Unión Soviética.
La interpretación oficial de los fenómenos sociales y de las
aspiraciones de la sociedad socialista habían cambiado drásticamente.
Así, en el Informe del Secretario General del CC del PCUS al Pleno
del Comité Central, reunido el 27 de Enero de 1987 en Moscú, se dice: «Nuestra
moral, nuestro modo de vida están sometidos a prueba.
En este caso se trata de su capacidad de desarrollar y enriquecer los
valores de la democracia socialista, de la justicia social y del Humanismo...
Por su esencia revolucionaria, por su audacia y por su orientación
social humanista, el trabajo que está en marcha es la continuación de la
gran obra iniciada por nuestro Partido leninista en octubre de 1917».
No
se trataba solamente de declamar humanismos.
En la práctica, el clima de participación, democracia directa y
desconfianza por el monopolio estatal, mostraba a las claras que se trataba de
la misma tendencia humanista que el llamado ”joven” Marx hubiera suscrito
sin ambages.
Un
cambio de actitud, en todos los órdenes, había empezado y algunos esbozos teóricos
comenzaban a desarrollarse. En tal sentido, Man, Science, Humanism: a New
Synthesis de L. Frolov[6]
muestra el enriquecimiento de visión operado entre los ideólogos y científicos
de la URSS, poco tiempo antes de la llegada de la Perestroika. Pasada
la segunda mitad de la década del ‘80, algunos movimientos retomaban la
marcha perdida en los acontencimientos de Mayo del ‘68.
Esto, básicamente, porque aquella generación, que prematuramente
protagonizó los acontecimientos de esa época, hoy se encontraba instalándose
en el poder en los distintos campos. Se
recordaba con nostalgia la “década prodigiosa” y un nuevo
“naturalismo” comenzaba a desarrollarse a través de distintas
manifestaciones culturales y políticas.
Expresiones ecologistas mostraron su influencia creciente, aun cuando
habían comenzado a generarse a partir de la década del ‘70. Es
en el
Movimiento Humanista donde aparece con claridad la influencia de un
nuevo tipo de planteo teórico, conocido como “Nuevo Humanismo”.
El Movimiento Humanista comienza a desarrollarse a través de
organizaciones sociales, culturales y políticas al comienzo de la década del
‘80, apoyándose en numerosos temas propiciados por el método fenomenológico
y las corrientes existencialistas, estructurados de un modo original bajo la
perspectiva del pensamiento de Silo.
“... Silo[7]
explica que el ser humano, antes de ponerse a pensar respecto a sus orígenes,
o su destino, etc., se encuentra en una determinada situación vital. Situación que no ha elegido.
Así, nace sumergido en un mundo natural y también social, plagado de
agresiones físicas y mentales, que registra como dolor y sufrimiento.[8]
Y se moviliza contra los factores agresivos, tratando de superar el dolor y el
sufrimiento. A diferencia de
otras especies, la humana es capaz de ampliar sus posibilidades corporales
mediante la producción y utilización de instrumentos, de ‘prótesis’ (en
su etimología: pro=delante y thesis=posición).
Así es que, en su accionar contra los factores dolorosos, produce
objetos y signos que se incorporan a la sociedad y que se transmiten históricamente.
La producción organiza a la sociedad y, en continua realimentación,
la sociedad organiza a la producción. Éste,
desde luego, no es el mundo social y natural de los insectos, que trasmiten su
experiencia genéticamente. Éste
es un mundo social que modifica el estado natural y animal del ser humano.
En este mundo, nace cada ser humano.
Un mundo en que su propio cuerpo es parte de la naturaleza y un mundo
no natural, sino social e histórico. Es
decir, un mundo de producción (de objetos, de signos), netamente humano.
Un mundo humano en el que todo lo producido está “cargado" de
significación, de intención, de para qué.
Y esa intención está lanzada, en última instancia, a superar el
dolor y el sufrimiento. Con su característica ampliación del horizonte
temporal, el ser humano puede diferir respuestas, elegir entre situaciones y
planificar su futuro. Y es esta libertad la que le permite negarse a sí mismo,
negar aspectos de su cuerpo, negarlo completamente como en el suicidio, o
negar a otros. Esta libertad ha
permitido que algunos seres humanos se apropien ilegítimamente del todo
social. Es decir, que nieguen la
libertad y la intencionalidad a otros seres humanos, reduciéndolos a prótesis,
a instrumentos de sus propias intenciones.
Allí está la esencia de la discriminación, siendo su metodología la
violencia física, económica, racial y religiosa.
Necesariamente, aquellos que han reducido la humanidad de otros seres
humanos, han provocado con esto nuevo dolor y sufrimiento, reiniciando en el
seno de la sociedad la antigua lucha contra la naturaleza, pero ahora contra
otros seres humanos convertidos en objetos naturales. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo
natural. Es una lucha entre
intenciones humanas y esto es, precisamente, lo que nos permite hablar de
opresores y oprimidos, de justos e injustos, de héroes y cobardes.
Esto es lo único que permite rescatar la subjetividad personal, y es
lo único que permite practicar con sentido la solidaridad social y el
compromiso con la liberación de los discriminados, sean estos mayorías o
minorías. A estas alturas, se
impone una definición del ser humano. No bastará decir: ‘el hombre es el animal social’,
porque otros animales también lo son. Será
incompleto definirlo como fabricante de objetos, poseedor de lenguaje, etc.
En la concepción siloísta, ‘el hombre es el ser histórico, cuyo
modo de acción social transforma a su propia naturaleza’.
Si admitimos esta definición, tendremos que aceptar que puede
transformar también su propia constitución física...
Y así está sucediendo; comenzó con prótesis externas y hoy las está
introduciendo en su propio cuerpo. Está
cambiando sus órganos. Está
interviniendo en su química cerebral. Está
fecundando ‘in vitro’ y ha comenzado a manipular sus genes.
Reconociendo que todo ser humano se encuentra en situación y que esta
situación se da en el mundo de lo natural (cuyo exponente más inmediato es
el propio cuerpo), al par que en el mundo social e histórico; reconociendo
las condiciones de opresión que algunos seres humanos han establecido en el
mundo, al apropiarse del todo social, se desprende una ética social de la
libertad[9],
un compromiso querido de lucha no sólo contra las condiciones que me producen
dolor y sufrimiento, sino que lo provocan a otros.
Porque la opresión a cualquier ser humano es también mi opresión.
Su sufrimiento es el mío y mi lucha es contra el sufrimiento y aquello
que lo provoca. Pero al opresor no le basta con encadenar al cuerpo.
Le es necesario llegar más lejos, apropiarse de toda libertad y de
todo sentido. Por tanto,
apropiarse de la subjetividad. Por
lo anterior, las ideas y el pensar deben ser cosificadas por el Sistema.
Las ideas ‘peligrosas’ o ‘sospechosas’ deben ser aisladas,
encerradas y destruidas como si se tratara de gérmenes contaminantes.
Vistas así las cosas, el ser humano debe reclamar también su derecho
a la subjetividad: a preguntarse por el sentido de su vida y a practicar y
predicar públicamente sus ideas y su religiosidad o irreligiosidad.
Y cualquier pretexto que trabe el ejercicio, la investigación, la prédica
y el desarrollo de la subjetividad... que
lo trabe o lo postergue, muestra el signo de la opresión que detentan los
enemigos de la humanidad...
“
[10]
Silo expone plenamente las bases teóricas de su concepción, pero es en Cartas
a mis Amigos donde se expresa el Nuevo Humanismo con todo el vigor de un
manifiesto.[11]
Desde luego que ya se habían publicado el Humanist Manifesto de
1933, inspirado por Dewey, y también el Humanist Manifesto II de 1974,
influido por las ideas de Lamont y suscrito entre otros por Sakharov.
Tal vez para ponerse a distancia del naturalismo del primero y del
social-liberalismo del segundo, Silo le da a su escrito el título de
“Documento del Movimiento Humanista”.
Pasamos a transcribir la introducción del Documento.[12]
«Los
humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de ésta época. Reconocen los antecedentes del humanismo histórico y se
inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente de aquellas
que en este momento ocupan un lugar central.
Son, además, hombres y mujeres que dejan atrás este siglo y este
milenio, y se proyectan a un nuevo mundo».
«Los
humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más
extendido. Piensan en el
porvenir, luchando por superar la crisis general del presente.
Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social».
«Los
humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal.
Comprenden globalmente al mundo en que viven y actúan en su medio
inmediato. No desean un mundo
uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple
en las localidades, las regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y
las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple
en el trabajo; múltiple en la creatividad».
«Los
humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten
representantes ni jefes de nadie. Los
humanistas no quieren un Estado centralizado, ni un Paraestado que lo
reemplace. Los humanistas no
quieren ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan».
«Pero
entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha
levantado un muro. Ha llegado
pues, el momento de derribarlo. Para
ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo».
En
una de sus más recientes conferencias, Silo[13]
caracteriza al Humanismo como una actitud y una perspectiva frente a la
vida, negando que éste haya sido una filosofía.
Precisamente, según este autor, la confusión entre defensores y
detractores parte de una ubicación falsa del fenómeno y reclama un replanteo
de toda la cuestión. Por otra
parte, niega que el humanismo histórico defina con exclusivismo esa actitud
que, por lo demás, se encuentra en diversas culturas y regiones. Examinemos algunos de sus comentarios. «Será
conveniente explicitar nuestros intereses respecto a estos temas ya que de no
hacerlo se podría pensar que estamos motivados simplemente por la curiosidad
histórica o por cualquier tipo de trivialidad cultural.
El Humanismo tiene para nosotros el cautivante mérito de ser no solo
historia sino también proyecto de un mundo futuro y herramienta de acción
actual. Nos interesa un humanismo
que contribuya al mejoramiento de la vida, que haga frente a la discriminación,
al fanatismo, a la explotación y a la violencia.
En un mundo que se globaliza velozmente y que muestra los síntomas del
choque entre culturas, etnias y regiones debe existir un humanismo
universalista, plural y convergente. En
un mundo en el que se desestructuran los países, las instituciones y las
relaciones humanas, debe existir un humanismo capaz de impulsar la recomposición
de las fuerzas sociales. En un
mundo en el que se perdió el sentido y la dirección en la vida, debe existir
un humanismo apto para crear una nueva atmósfera de reflexión en la que no
se opongan ya de modo irreductible lo personal a lo social ni lo social a lo
personal. Nos interesa un
humanismo creativo, no un humanismo repetitivo; un nuevo humanismo que
teniendo en cuenta las paradojas de la época aspire a resolverlas...
Empecemos por lo reconocible históricamente en Occidente, dejando las
puertas abiertas a lo sucedido en otras partes del mundo en las que la actitud
humanista ya estaba presente antes del acuñamiento de palabras como
‘humanismo’, ‘humanista’ y otras cuantas del género. En lo referente a la actitud que menciono y que es posición
común de los humanistas de las distintas culturas, debo destacar las
siguientes características: 1. ubicación
del ser humano como valor y preocupación central; 2.
afirmación de la igualdad de todos los seres humanos; 3.
reconocimiento de la diversidad personal y cultural; 4.
tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de lo aceptado como
verdad absoluta; 5. afirmación
de la libertad de ideas y creencias y 6.
repudio de la violencia». Más
adelante pasa revista a algunos prejuicios que ya se inician con la aceptación
de la palabra “humanismo”, sin comprender que ella tuvo poco que ver con
la actitud humanista. «...en
realidad la actitud humanista había comenzado a desarrollarse mucho antes y
esto podemos rescatarlo en los temas tratados por los poetas goliardos y por
las escuelas de las catedrales francesas del siglo XII.
Pero la palabra ‘umanista’, que designó a un cierto tipo de
estudioso, recién comenzó a usarse en Italia en 1538.
En este punto remito a las observaciones de A. Campana en su artículo:
The Origin of the Word ‘Humanist’, publicado en 1946.
Con lo anterior estoy destacando que los primeros humanistas no se
reconocían a sí mismos bajo esa designación que, en cambio, tomará cuerpo
mucho más adelante. Y aquí habría
que consignar que palabras afines como ‘humanistische’ (‘humanístico’),
de acuerdo con los estudios de Walter Rüegg, comienzan a usarse en 1784 y
‘Humanismus’ (‘humanismo’) empieza a difundirse a partir de los
trabajos de Niethammer de 1808. Es
a mediados del siglo pasado, cuando el término ‘humanismo’ circula en
casi todas las lenguas. Estamos
hablando, por consiguiente, de designaciones recientes y de interpretaciones
de fenómenos que seguramente fueron vividos por sus protagonistas de un modo
muy diferente a como los consideró la historiología o la historia de la
cultura del siglo pasado». Luego
retoma la cuestión humanista en el momento actual.
«Dijimos que los filósofos de la existencia reabrieron el debate
sobre un tema que parecía muerto. Pero
este debate partió de considerar al humanismo como una filosofía cuando en
realidad nunca fue una postura filosófica sino una perspectiva y una actitud
frente a la vida y las cosas. Si
en el debate se dio por aceptada la descripción del siglo XIX, no es de extrañar
que pensadores como Foucalt hayan acusado al humanismo de estar incluido en
ese relato. Tal vez la discusión
estuvo basada en la posición del existencialismo que planteó la cuestión en
términos filosóficos. Viendo
estas cosas desde la perspectiva actual nos parece excesivo aceptar una
interpretación sobre un hecho como el hecho mismo y, a partir de ello,
atribuir a éste determinadas características. Althusser, Lévi-Strauss y
numerosos estructuralistas han declarado en sus obras su antihumanismo, del
mismo modo que otros han defendido al humanismo como una metafísica o, cuando
menos, una antropología... En
realidad, el humanismo histórico occidental no fue en ningún caso una
filosofía, ni aún en Pico de la Mirándola o en Marsilio Ficino.
El hecho de que numerosos filósofos estuvieran incluidos en la actitud
humanista no implica que ésta fuera una filosofía.
Por otra parte, si el humanismo renacentista se interesó por los temas
de la ‘filosofía moral’ debe entenderse a esa preocupación como un
esfuerzo más por desbaratar la manipulación práctica que en ese campo
efectuó la filosofía escolástica medieval.
Desde esos errores en la interpretación del humanismo, considerado
como una filosofía, es fácil llegar a cualquier postura.
Así las cosas, autores como Lamont han definido sus humanismos como
naturalistas y antiidealistas afirmando el antisobrenaturalismo, el
evolucionismo radical, la inexistencia del alma, la autosuficiencia del
hombre, la libertad de la voluntad, la ética intramundana, el valor del arte
y el humanitarismo. Creo que éstos
tienen todo el derecho en caracterizar así a sus concepciones pero me parece
un exceso sostener que el humanismo histórico se haya movido dentro de esas
direcciones. Por otra parte,
pienso que la proliferación de ‘humanismos’ en los años recientes es del
todo legítima siempre que éstos se presenten como particularidades y sin la
pretensión de absolutizar al Humanismo en general.
La discusión filosófica con un humanismo histórico y, además
localizado, ha sido mal planteada. El
debate recién comienza ahora y las objeciones del Antihumanismo tendrán que
justificarse ante lo que hoy plantea el Nuevo Humanismo universalista.
Debemos reconocer que toda esta discusión ha sido un tanto provinciana
y ya lleva bastante tiempo este asunto de que el Humanismo nace en un punto,
se discute en un punto, y tal vez se quiera exportar al mundo como un modelo
de ese punto». Y
comenta irónicamente: «...concedamos que el ‘copyright’, el monopolio de
la palabra ‘humanismo’, está asentado en un área geográfica.
De hecho hemos estado hablando del humanismo occidental, europeo y, en
alguna medida, ciceroniano. Ya
que hemos sostenido que el humanismo nunca fue una filosofía sino una
perspectiva y una actitud frente a la vida, ¿no podremos extender nuestra
investigación a otras regiones y reconocer que esa actitud se manifestó de
modo similar? En cambio, al fijar
al humanismo histórico como una filosofía y, además, como una filosofía
específica de Occidente no sólo erramos sino que ponemos una barrera
infranqueable al diálogo con las actitudes humanistas de todas las culturas
de la Tierra. Si me permito
insistir en este punto es no sólo por las consecuencias teóricas que ha
tenido la postura antes citada, sino por sus derivaciones negativas en la práctica
inmediata». ¿Qué
nos ha dejado el prejuicio de una supuesta filosofía humanista?
Silo explica que «en el
humanismo histórico, existía la fuerte creencia de que el conocimiento y el
manejo de las leyes naturales llevaría a la liberación de la humanidad. Pero hoy hemos visto que existe una manipulación del saber,
del conocimiento, de la ciencia y de la tecnología. Que este conocimiento ha servido a menudo como instrumento de
dominación. Ha cambiado el mundo
y se ha acrecentado nuestra experiencia.
Algunos creyeron que la religiosidad embrutecía la conciencia y para
imponer paternalmente la libertad, arremetieron contra las religiones.
Hoy emergen violentas reacciones religiosas que no respetan la libertad
de conciencia. Ha cambiado el
mundo y se ha acrecentado nuestra experiencia.
Algunos pensaron que toda diferencia cultural era divergente y que había
que uniformar las costumbres y los estilos de vida.
Hoy se manifiestan violentas reacciones mediante las cuales las
culturas tratan de imponer sus valores sin respetar la diversidad.
Ha cambiado el mundo y se ha acrecentado nuestra experiencia.
Y hoy, frente a esta trágica sumersión de la razón, frente al
crecimiento del síntoma neoirracionalista que parece invadirnos, todavía se
escuchan los ecos de un racionalismo primitivo en el que fueron educadas
varias generaciones. Muchos
parecen decir: ‘¡Razón teníamos al querer acabar con la religiones,
porque si lo hubiéramos logrado hoy no habría luchas religiosas; razón teníamos
al tratar de liquidar la diversidad porque si lo hubiéramos logrado no se
encendería ahora el fuego de la lucha entre etnias y culturas!’
Pero aquellos racionalistas no lograron imponer su culto filosófico único,
ni su estilo de vida único, ni su cultura única, y eso es lo que cuenta.
Sobre todo cuenta la discusión para solucionar estos serios conflictos
hoy en desarrollo. ¿Cuánto
tiempo más se necesitará para comprender que una cultura y sus patrones
intelectuales o de comportamiento no son modelos que la humanidad en general
deba seguir? Digo esto porque tal vez sea el momento de reflexionar
seriamente sobre el cambio del mundo y de nosotros mismos. Es fácil pretender que cambien los otros, sólo que los
otros piensan lo mismo. ¿No será
hora de que comencemos a reconocer al ‘otro’, a la diversidad del ‘tú’?
Creo que hoy está planteado con más urgencia que nunca el cambio de
mundo y que este cambio para ser positivo es indisoluble en su relación con
el cambio personal. Después de
todo, mi vida tiene un sentido si es que quiero vivirla y si es que puedo
elegir o luchar por las condiciones de mi existencia y de la vida en general.
Este antagonismo entre lo personal y lo social no ha dado buenos
resultados, habrá que ver si no tiene mayor sentido la relación convergente
entre ambos términos. Este
antagonismo entre las culturas no nos lleva por la dirección correcta, se
impone la revisión del declamativo reconocimiento de la diversidad cultural y
se impone el estudio de la posibilidad de convergencia hacia una nación
humana universal». Silo
termina la conferencia mencionada con estas palabras: «No estamos nosotros
para pontificar acerca de quién es o no es un humanista sino para opinar, con
las limitaciones del caso, acerca del Humanismo.
Pero si alguien nos exigiera definir la actitud humanista en el momento
actual le responderíamos en pocas palabras que “humanista es todo aquel que
lucha contra la discriminación y la violencia, proponiendo salidas para que
se manifieste la libertad de elección del ser humano”».
[1] W. Luypen: De fenomenologie is een Humanisme, Amsterdam, 1966.
[2] Viktor Frankl. Psicoterapia y Humanismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1982, pág. 57.
[3] “Our revolution is a Humanist revolution. We have decided to wage a struggle against imperialism, neo-colonialism, fascism and racism on the one hand; and hunger, poverty, ignorance, disease, crime and exploitation of man by man on the other. This is what our revolution is all about. Remember that the most important thing to this nation is Man. Man you, Man me, and Man the other fellow. Everything we say and do revolves around Man. Without him there can be no Zambia, there can be no nation. That is why we believe in Humanism. That is why we say Man is the centre of all activities”. Lusaka, 20/11/80.
[4] El término es de K. Jaspers.
[5] Mijail Gorbachov. Informe publicado bajo el título Una revolución en la URSS. Anteo, Buenos Aires 1987, pág. 151.
[6] Progress Publishers, Moscú 1986.
[7] Presentación de la conferencia de Silo sobre La religiosidad en el mundo actual, efectuada por la Dra. N. Otero en la Casa Suiza, Buenos Aires 06/06/86.
[8] Referencia al opúsculo Acerca de lo Humano. En ese trabajo, Silo establece distinciones entre la comprensión del fenómeno humano en general y el propio “registro” de la humanidad en otros. Buenos Aires 01/05/83.
[9] Referencia a la conferencia de Silo, pronunciada en ocasión de la presentación de El Paisaje Interno por editorial Bruguera, en la VIII Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, el 10/04/82 y publicada luego por Ediciones del Centro de Investigaciones Literarias de Madrid el 10/01/83, bajo el título de En torno a El Paisaje Interno, pág. 45.
[10] Editorial Planeta, Buenos Aires, 1991.
[11] Silo. Lettere ai miei amici, Multi Image, Milán, 1994. Pág. 132.
[12] Los parágrafos del Documento son los siguientes: 1. El capital mundial; 2. La democracia formal y la democracia real; 3. La posición humanista; 4. Del humanismo ingenuo al humanismo consciente; 5. El campo antihumanista y 6. Los frentes de acción humanista.
[13] Silo. Qué entendemos hoy por Humanismo Universalista? Conferencia publicada en el Anuario 1994. Centro Mundial de Estudios Humanistas. Edición simultánea en ruso y español.