TESTIMONIO PERSONAL SOBRE LA VIOLENCIA POLICIAL

 Estos días son días tristes para el mundo entero. Pero en algunos lugares del mundo, seguramente muchos, esa tristeza se incrementa con la guerra que algunos gobiernos están declarando a los ciudadanos, quienes, pacíficamente, manifiestan su total rechazo a la madre de todas las guerras, por ser la razón de esta guerra, la madre de todos los absurdos...

 Es el caso por ejemplo de España, concretamente, Madrid: Llevo 3 días seguidos saliendo a la calle con cientos de miles de madrileños (más de un millón al tercer día) y he de decir que lo que está pasando estos días en mi ciudad, me lleva a solidarizarme aún más con los iraquies, por cuanto siento la guerra más cerca que nunca.

 Y es que, increíble, pero cierto: Madrid es, estos días, un verdadero campo de batalla.

 Soy socia fundadora de una asociación cuyo método de trabajo es la no-violencia activa: en nuestra postura pacifista, damos un paso más allá, trabajando día a día por superar la violencia tanto personal, interpersonal como social, animando a otros, como parte de ese proceso, a que emprendan este camino de superación personal y transformación social...

El sábado 21 de marzo, los miembros de nuestra asociación salimos a manifestarnos como muchos otros miles de madrileños y participamos también, claro que sí, de su desobediencia civil, como único forma ahora que nos queda para hacernos oír, pues por las vias legales, parece que no es suficiente. Esta desobediencia consistió en cortar calles y abrirnos camino por Madrid, para seguir nuestra marcha pacifista. Tal acción, dicho sea de paso, no inportunó demasiado a los conductores, puesto que esperaron pacientemente a que pasásemos, sin duda, solidarizándose con la causa.

He de decir que yo no presencié personalmente ningún golpe directo de la policía a los manifestantes (aunque sí cargas), por suerte para mí, pues seguramente habría salido en auxilio de cualquier víctima inocente, exponiéndome a recibir en mis propias carnes los palos que otros han recibido... Pero todos los españoles han visto y saben que ha habido violencia, mucha e injustificada... Videos como éste despejan cualquier duda:
Video de la brutal agresión policial contra una muchacha indefensa - http://www.culturacontralaguerra.org/

De lo que más puedo dar fe, por propia experiencia, es del terror que siembran los antidisturbios entre los manifestantes, terror que obedece sin duda a una estrategia muy clara: evitar que todos nosotros dejemos de pedir a voz en grito por todas las calles de Madrid, la dimisión del gobierno y dejemos de llamar asesinos a quienes se han ganado a pulso tal apelativo.

Conforme avanzábamos por Madrid, cantando y coreando consignas contra la guerra, cada vez más numerosos, los antidisturbios nos esperaban en cada plaza, en cada rotonda....rodeándonos y apostándose en “pie de guerra” con una actitud cada vez más intimidatoria y que haría temblar al más valiente. Parecía que cualquier provocación por mínima que fuera, iba a ser la excusa para cargar contra todos. Y así fué en numerosas ocasiones.

La primera carga que yo vi se produjo cuando llegábamos a Colón. Aunque hubo también cargas en la embajada de EEUU, pero nosotros ya no nos encontrábamos allí cuando sucedió. Pero eso, lejos de amedrentarnos, nos alentó a seguir. Invadimos la Castellana, cantando entre otras cosas “El pueblo, unido, jamás será vencido”. 

Estando casi al final de la calle Atocha, de repente la gente se volvió a parar, al parecer, más adelante había antidisturbios, se veía humo... La gente empezó a torcer hacia la derecha, metiéndose por otra calle... Nosotros nos detuvimos un poco antes, en una calle a la izquierda a petición de una compañera que se encontraba cansada... De repente, la gente se pone nerviosa... dicen que vienen... se ponen a correr hacia donde estábamos... El miedo nos hace correr también a nosotros. Alguien grita: no corrais, tranquilos, no corrais!! Y nosotros decidimos también llamar a la calma... Finalmente decidimos seguir caminando por esa calle (en dirección opuesta a la mayoría de manifestantes). Andábamos tan tranquilos, cuando de repente me giro y veo al final de la calle, detrás nuestro, una hilera de policias que ocupaban todo el callejón y avanzaban despacio, pero decididos, hacia nosotros... Entre la gente que se hallaba en esa calle no había ningún violento... Solo un rato antes, hubo uno que tiró un container y a quien por cierto le dijimos “No hagas eso, no ves que eso es lo que buscan?”, pero dicho individuo ya no estaba...No podía entender por qué venían hacia nosotros y de esa forma...Vuelvo a girarme y veo que no se detienen, siguen viniendo, en hilera, la imagen era, sin ánimo de exagerar “terrorífica”. Empezamos a gritar a algunas compañeras que estaban más atrás, haciéndoles señas y gritándoles que salieran de allí y corrieran... Los antidisturbios estaban ya muy cerca y con cara de pocos amigos. Ya la desbandada fue general y colérica...Todos los que quedábamos en esa calle nos pusimos a correr con todas nuestras fuerzas. Mi pareja tuvo que soltar la pancarta que llevaba, para no hacer daño a nadie...Una pancarta que nos llevó horas coser, letra por letra, naranja sobre blanco. Tras los antidisturbios venía una furgoneta a toda prisa, por poco aplasta a una compañera que iba, más atrás, por la calle... Incluso los vecinos gritaban desde arriba: bestias! Que la vais a aplastar!

Por suerte, los antidisturbios giraron a la izquierda...Nosotros habíamos tomado una calle a la derecha... Cuando nos sentimos seguros, paramos. Mi corazón iba a 100 por hora... Nunca olvidaré esos momentos de terror que viví, sin haber hecho nada malo...

No dudo de que los mismos policias han recibido y reciben mucha violencia, por parte de aquellos a quienes sin duda les importa poco la muertes de iraquies y que utilizan estas manifestaciones como una oportunidad más de descargar la violencia que llevan dentro. Todos llevamos rabia contenida, frustraciones, temores que en cualquier momento pueden expresarse violentamente. Desde el Proyecto No Violencia tratamos de sensibilizar sobre este punto: la violencia no está solo afuera, y el no verla y reconocerla adentro nos hace vulnerables y nos convierte en potenciales violentos: solo necesitaremos algo que la desencadene, para ponernos al mismo nivel de aquellos que nos escandalizan con sus acciones.

Pero en esta carta quiero dar testimonio de una violencia, la violencia policial, de la que creo es responsable el gobierno. Ya sea por implicación directa (obedeciendo a determinada estrategia) ya sea por irresponsabilidad (por no hacerse cargo de la situación a la que expone a quienes supuestamente velan por la seguridad de los ciudadanos, y que no son dueños de sus actos: a la vista está.)

Mi convicción de que todo esto responde a una estrategia muy definida del gobierno, represiva y fascista, es que la acción boicoteadora de unos pocos violentos no puede ser motivo para que los antidisturbios carguen contra todo aquel que pillen a su paso, incluso tal vez, (cómo pueden saberlo?) a los viandantes que en ese momento pasen por allí....

El deber de la policía es detener a quien comete delitos y actos que ponen en peligro la seguridad de los ciudadanos, en lugar de eso, se ponen a atacar a diestro y siniestro, como si todos fuesemos delincuentes. ¿Qué pasa con la seguridad de los que se manifiestan? ¿Es que no la merecen? ¿Por qué no detienen a quienes cometen actos violentos permitiendo así a los demás manifestantes seguir su protesta pacíficamente?

¿Hasta dónde y hasta cuándo va a seguir este absurdo, esta violencia? ¿Acaso quieren que crezca la violencia que todo el mundo tiene dentro, fruto de tanta indiganción y frustración, y que se exprese como hasta ahora solo lo han hecho unos pocos?

Por mi parte, y por la de la asociación a la que pertenezco, ante la violencia, seguiremos respondiendo con la no violencia activa, pero hoy, con suma preocupación, me pregunto: ¿Qué harán los demás?

Paz para todos,

Susan