Opinión

Saavedra y Gasset

Por: Arturo Lezcano

 

Por fin se acaba el año del primer Quijote mediático. Si cuantos han leído fragmentos de la novela total la hubiesen leído antes al menos una vez, todo se nos habría ahorrado. Impotentes, nada pudimos hacer, salvo transformar los molinos en aerogeneradores. 

En cambio apenas nadie recordó el medio siglo de la muerte de otro gigante, José Ortega y Gasset. Él sugería que «(...) El Quijote es un equívoco ¿ ¿Se burla Cervantes? ¿Y de qué se burla? Lejos, sola en la abierta llanada manchega, la larga figura de Don Quijote se encorva como un signo de interrogación y es como un guardián del secreto español, del equívoco de la cultura española (¿) No existe libro alguno cuyo poder de alusiones simbólicas al sentido universal de la vida sea tan grande y, sin embargo, no existe libro alguno en que hallemos menos anticipaciones, menos indicios para su propia interpretación (¿)». 

Pues, eso, ese equívoco, lo implícito en el libro, creemos, es lo que hace del Quijote una obra cumbre de la literatura universal. Nadie tiene ni tendrá nunca la clave para decodificarlo. Ortega lo sabía bien. 

Leamos humildemente a Saavedra y Gasset, que en este caso, y no como en el chiste, son verdaderamente dos «descomunales» y excepcionales cimas de la cultura de este país. 

 


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