Entrevista

"En España somos poco agradecidos con el talento"

Por: J.A. Dulce

Resumir los méritos de Antonio Garrigues Walker es tarea ardua. Tanto como relacionar los innumerables cargos profesionales e institucionales desempeñados por este eminente jurista, hijo del recordado Antonio Garrigues Walker Díaz-Cañabate y miembro de una de las familias más influyentes de España. El que fuera presidente de la Asociación Mundial de Abogados dirige en la actualidad el primer despacho de abogados y asesores tributarios de la Europa continental, con oficinas en varios países. Su dilatada trayectoria está jalonada por cargos de especial relevancia como la asesoría del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, la presidencia de la Fundación Consejo España-Estados Unidos y la Secretaría General del Real Patronato sobre Discapacidad, entre muchos otros 

Recientemente visitó Tenerife, donde tomó contacto con representantes políticos y empresariales de la Isla al objeto de intercambiar puntos de vista sobre la expansión comercial de China. No obstante, le trae a estas páginas su condición de presidente del Patronato de la Fundación Ortega y Gasset, desde la que piensa impulsar una cátedra dedicada al fallecido Julián Marías, sin duda el filósofo español más importante de la segunda mitad del siglo XX y el último gran discípulo del autor de "La rebelión de las masas". La citada Fundación, cuya vida discurre en paralelo a la democracia española, tiene como presidente de honor al Rey Juan Carlos. 

-¿Cree que la pérdida de peso internacional de España se ha agudizado con la llegada al poder del PSOE y su débil política exterior?

-El problema viene ya de antiguo y en todo caso la culpa es colectiva. Ni el PP hizo mucho en su día para internacionalizar España, ni el PSOE está haciendo ahora todo lo que debiera. 

-Usted se ha significado por su oposición a las políticas intervencionistas del Estado.

-Quiero convencer a los empresarios de que es un error depender del Gobierno cuando se trata de tomar iniciativas. El progreso de un país no sólo compete a su gobierno. Es muy importante la iniciativa empresarial; es más, estoy convencido de que los avances dependen en mayor medida de las organizaciones empresariales que de las instituciones públicas.

-¿Cuál el estado de salud de la fundación que preside y qué relación mantiene con los poderes públicos?

-La Fundación Ortega y Gasset es una entidad dedicada a la difusión de las Ciencias Sociales y las Humanidades que se financia de forma privada y que colabora con las comunidades autónomas en algunos aspectos. Este año hemos conmemorado el 50 aniversario de la muerte de Ortega y Gasset. Uno de los aspectos capitales de la celebración ha sido la publicación de las obras completas de Ortega, cuya lectura recomiendo a todo el mundo, ya que el pensamiento de Ortega no sólo está vigente, sino que genera un optimismo y un dinamismo especiales. En este sentido, quiero destacar el éxito del congreso orteguiano que atrajo a congresistas de todo el planeta y que demuestra que nuestra Fundación realiza una labor intelectual importante.

-Contrasta la buena prensa de Ortega con la marginación sufrida por su discípulo Julián Marías y que su hijo, el escritor Javier Marías, denunció en las exequias del pasado día 15.

-Pienso que la culpa era de Julián Marías. Culpable en la medida de que no era un enredador, ni uno de esos intelectuales que reclama una atención permanente sobre sí mismo. Tampoco era de los que protestaba; nunca exigió nada para sí mismo. Del mismo modo, creo que sí obtuvo un notable reconocimiento, no al principio, desde luego, en el que sufrió adversidades y se vio obligado a vivir de forma ascética y triste, pero sí más tarde. Era un gran orteguiano, con todo lo que ello implica, ya que la sombra de Ortega es alargada. Con independencia del valor de su obra filosófica, Ortega poseía un "sexy" y un carisma que le hacían ganarse adeptos, captar la voluntad de mucha gente, ya fueran españoles, argentinos o alemanes.

 


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