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Por Francisco Miraval*
En un noticiero en inglés de un canal de Denver entrevistaron
recientemente a una pareja que se quejaba del aumento en el costo
de la gasolina. El hombre comentó que, debido al alto precio del
combustible, él y su esposa tendrían que “hacer sacrificios”. Me
pregunté qué quería él decir con “sacrificios”.
Para esta pareja, el “sacrificio” consistía en que ya no iban a
salir a comer afuera tres a cinco veces por semana como lo hacían
hasta ahora, sino que sólo saldrían a los restaurantes dos o tres
veces por semana.
¡Vaya sacrificio! Me pregunto si en realidad se le puede llamar
“sacrificio” a salir a comer afuera “solamente” día por medio, y
no todos los días. No creo que siquiera sea un “inconveniente”.
La situación me hizo acordar a la reciente predicación de un
pastor anglosajón de Denver (a quien he escuchado, pero no conozco
personalmente), quien le pidió a su congregación que se
“sacrificase” para reunir dinero y construir un nuevo templo con
un valor cercano a los 15 millones de dólares.
El pastor sugirió que, para aumentar los donativos para la
iglesia, la congregación realizase “sacrificios”, similares en mi
opinión a los “sacrificios” del hombre que entrevistaron en las
noticias.
Entre los “sacrificios” que propuso el pastor figuraron usar sólo
dos carros por familia en vez de tres (es decir, pedirle al hijo
adolescente que comparta uno de los vehículos); tener televisión
por cable o por satélite, pero no las dos; y donar a la iglesia
parte de las ganancias obtenidas por los intereses generados en
inversiones monetarias.
Yo conozco mucha gente que “sacrificaría” todo lo que tiene por
hacer “el sacrificio” de ir a comer afuera tres días por semana,
tener dos carros para la familia, ver televisión por cable o
satélite, y llegar a fin de mes con dinero en el banco.
Al cuestionar lo que algunas personas consideran como
“sacrificio”, me cuestiono en realidad a mí mismo, ya que escribo
este comentario desde la comodidad de mi oficina, con el aire
acondicionado encendido, usando una buena computadora, y
disfrutando de otras comodidades de la buena vida en Estados
Unidos en el Siglo XXI.
¡Triste condición la del ser humano que sólo puede “sacrificar” lo
superfluo porque, en su error e ilusión, cree que lo superfluo es
en realidad necesario!
El filósofo español José Ortega y Gasset lo dijo aún mejor: “El
hombre es un animal para el cual sólo lo superfluo es necesario”.
Explicando la frase, el escritor Amando de Miguel decía en la
revista La Ilustración Liberal (mayo del 2003) que “las verdaderas
necesidades humanas son inventadas”. Por eso, Ortega consideraba a
la tecnociencia moderna como “la producción de lo superfluo”.
Al vivir apegados y enceguecidos por lo superfluo ya no vemos la
realidad.
Creer que lo superfluo es necesario pone en riesgo nuestra misma
esencia humana. Como decía Ortega: “Mientras el tigre no puede
dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo
permanente de deshumanizarse”.
* Francisco Miraval es el fundador y director de Proyecto
Visión 21, LLC, un servicio bilingüe de información y noticias (www.noticiasyservicios.com)
en Aurora, CO. Escríbale a fmiraval@newsandservices.com.
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