Coloquio

Ortega y Gasset en la Marroquín


Por Rigoberto Juárez-Paz

Por invitación del Rector Giancarlo Ibargüen, y bajo la dirección de Pedro Trujillo, ayer se inició en la UFM un coloquio sobre La Rebelión de las Masas y el pensamiento de José Ortega y Gasset, con la participación destacada del doctor José Lasaga Medina, de la Universidad Autónoma de Madrid.

El hecho de que hace muchos años yo me dediqué a estudiar el pensamiento del conocido filósofo y escritor español, pero con énfasis en otros aspectos de su pensamiento, me hizo pensar que los lectores de este diario y algunos de mis compañeros de coloquio podrían interesarse en una tesis que publiqué en 1960, en la revista Cuadernos Hispanoamericanos, de Madrid.

(Estudiosos de la Filosofía concibe esta disciplina de diferentes maneras. Para mis maestros, desde Sócrates hasta Sellars, la Filosofía ha sido el estudio de la Lógica, ya sea del pensamiento ordinario, el pensamiento científico, o cualquiera otra de sus modalidades.

Fue desde este ángulo que por un tiempo me dediqué a estudiar la Filosofía española del siglo XX. Hoy someto a su consideración un pequeño fragmento de uno de esos estudios).

“En 1925”, escribe Ortega, “yo enunciaba mi tema, diciendo literalmente. 1, hay que renovar desde sus raíces el problema tradicional del Ser; 2, esto hay que hacerlo con el método fenomenológico...en tanto y solo en tanto signifique este un pensar “sintético” o “intuitivo” y no meramente conceptual-abstracto como es el pensar lógico tradicional; 3, pero es preciso integrar el método fenomenológico proporcionándole una dimensión de “pensar sistemático” que, como es sabido, no posee; 4, y último, que para que sea posible un pensar fenomenológico sistemático hay que partir de un fenómeno que sea “él por sí sistema”. Este fenómeno sistemático es la vida humana, de su intuición y análisis hay que partir” (La Idea de Principio en Leibnitz...p. 332).

Como es evidente, el problema que Ortega ahora se plantea es de muy diferente naturaleza. Sus reflexiones acerca de la decadencia de Europa y la rebelión de las masas han quedado atrás. Y para resolver ese nuevo problema necesita hacerse cargo de lo que se decía en Europa de la obra de Martin Heidegger, El ser y el tiempo.

“Apenas hay en uno o dos conceptos importantes de Heidegger”, escribe Ortega, “que no preexistan, a veces con anterioridad de trece años, en mis libros...Por ejemplo la liberación del “sustancialismo, de toda idea de cosa en la idea de ser”.

Y ahora viene la pregunta decisiva: “¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna determinada, sino una perspectiva?”.

En esta pregunta-respuesta finca Ortega la esperanza de haber revolucionado el pensamiento filosófico sobre el Ser. Pero, según mi criterio, es una esperanza vana. Ortega no ha dicho nada del Ser. Todo lo que ha hecho es poner de manifiesto la condición necesaria de toda concepción del Ser (una perspectiva) cualquiera que sea la concepción del Ser.

 


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